Gustavo Garcia Roig

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Esperando a los Dioses en Chankillo

Recuerdo que era de noche cuando desperté, la gente estaba mirando al cielo iluminado por las resplandecientes estrellas. De pronto un destello luminoso se movía a gran velocidad creando un hermoso espectáculo; estoy seguro que los chamanes nos hablarán de su significado en la ceremonia que se realizará hoy en el Templo del Sol. Los dioses nos enviaban señales para indicarnos nuestras tareas, algunas veces realizábamos un sacrificio animal, como el de la llama, en otras ocasiones nos reuníamos alrededor de los fuegos y adorábamos las estatuillas de barro modeladas por los alfareros, representaban a los guerreros que nos protegían, al igual que la majestuosa figura del cóndor encargado de llevar las almas de nuestros muertos a las estrellas. Cuando escaseaban los alimentos de la tierra salíamos en nuestras embarcaciones de totora a pescar al mar y en el tiempo de las cosechas la Pacha Mama nos bendecía con sus alimentos. Esa noche la magia flotaba en el aire. Quilla, la Luna, acababa de nacer y brillaba en el cielo junto con Venus, la estrella fugaz las había acariciado con su destello de luz dejándonos un mensaje. Íbamos subiendo por la ladera de la duna hacia el sagrado Templo del Sol, nos iluminábamos con antorchas en honor a la Luna Nueva, Venus y al Solsticio, una conjunción astral propicia. Al llegar al Templo, cruzamos las tres “órbitas” por los túneles hasta agruparnos en el Centro del Padre Sol, en torno a los chamanes y al Curaca que regía Chankillo. Luego de un profundo silencio escuchamos el sonido de la caracola y el Curaca nos habló con voz vibrante llena de emoción: había llegado el tiempo del Solsticio de Invierno, el tiempo de las cosechas. El Sol, Inti, amanecería en la Primera TorreLuna para iniciar su nuevo periplo y volver a recorrer el largo camino de las Trece Torres construidas por nuestros ancestros. Los sabios chamanes habían pasado muchas lunas y soles consultando al cielo, y de acuerdo con el movimiento de los astros señalaron la ubicación precisa de las Trece TorresLuna alineadas de Norte a Sur en el monte Chankillo. El Curaca me llamó para encargarme la misión de seguir el paso del Sol y de la Luna, además de otros astros que se vislumbran al amanecer y al declinar Inti en su incesante camino de reencarnación hasta la última Torre. En algunas ocasiones al caminar cerca de las Torres me encontraba con algunas “presencias” que velaban por nosotros. Eran enviadas por los dioses que moraban en el mundo invisible y se hacían visibles. Aparecían cuando realizábamos los rituales en honor a nuestro dios supremo A apaec. A medida que transcurrían los días y las noches observando el cielo sentía que yo también iba cambiando con los astros y aunque algunas noches estaba nublado, aun así podía intuir el movimiento de las estrellas que nos guiaban.

Me di cuenta que en Chankillo el cielo se une con la tierra para crear la vida a través del agua regando nuestras cosechas nutridas por la luz del Sol y el magnetismo de la Luna, la sutil dueña de la noche. Los moches estamos unidos por una fuerza espiritual que nos permite vivir en armonía con la naturaleza del desierto, la influencia de los cielos y la sabiduría del Universo. Chankillo une el cielo con la tierra ALLIN HAMUSKA/BIENVENID@S Solsticio de Invierno de hace 2.300 años Gustavo García Roig

Si quieres ver el vídeo 'Astronomía Ancestral: Chankillo', puedes hacer clic en el siguie

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© Gustavo Garcia Roig